Una de zombies
Sunday, October 25th, 2009La música es la que sonaba mientras corría y se me ocurría la idea, la letra es un tanto despreciable, pero es lo que hay, a lo mejor describe la sensación de estar agobiado en la calle.
Sábado, 04:47, entre la Calle de las Huertas y la Calle de Jesús, a apenas 100 pasos de la comisaría de policía más cercana.
Realmente no recuerdo que hacía a esa hora de camino a casa, los bares por Huertas cierran a las 3:30, y si venía de más lejos no tenía sentido regresar a casa por la calle Jesús, porque mi casa está antes. En cualquier caso, la sangre y los dientes rotos esparcidos por la acera demuestran que la acción ocurrió allí y no en otro lado.
Por supuesto hacía frío ya, estábamos terminando el mes de Octubre, y en Madrid lo normal es salir con chaqueta. Digo lo normal porque yo no suelo hacerlo. Me gusta el frío y no veo sentido a cargar ropa que te vas a quitar en un local con el riesgo de que te la roben. Supongo que esa chaqueta gorda, el por qué la llevaba es otra incógnita de la noche, me salvo de, al menos, un par de buenos golpes y arañazos.
Estoy acostumbrado a ver a yonkis pinchándose en mi portal al salir a correr, así que cuando alguien me palpó por la espalda fue en eso en lo que pensé, un yonki que no puede dormir, y no andaba yo muy desencaminado, esa tía no podía dormir, ni lo haría en mucho tiempo. En la vida real uno no piensa que se pueda encontrar con un zombie en mitad de la calle, no es culpa mía que me pillara por sorpresa.
Lo primero que hice al notar que me tocaba fue saltar a un lado, eso no hizo que esquivara un puñetazo en la cara, pero quizá hizo que no me lo comiera del todo. Nunca me he peleado con nadie desde que soy adulto, así que me llevó un buen rato reaccionar mientras aquella cosa me golpeaba en el pecho y en la cara. Cuando me di cuenta de lo frías que estaban sus manos al tocarme la cara me dio muy mal rollo, pero seguía siendo una pieza del puzzle que mi subconsciente se negaba a resolver.
Ya un poco más espabilado, me fui moviendo para que no me tocara, me daba asco. Fue entonces cuando la luz de una farola la iluminó. Entonces lo vi claro, esa tía estaba muerta. No había sangre en su rostro ni en su ropa. No al menos sangre roja. En la cara tenía zonas negruzcas y deformes que deduje que sería carne podrida. El pelo era normal y su ropa… no recuerdo como era su ropa.
Me sorprendió cual fue mi manera de actuar una vez que me di cuenta de dónde estaba metido. “Patada en los huevos y salimos corriendo”. Ahora me río, porque aquella cosa en vida fue una mujer, pero fue lo que pensé. Lancé mi 45 y medio contra su entrepierna, confiado en que dejaría atontado a mi oponente y me daría tiempo a llegar corriendo hasta el portal. Pues bien, no pareció inmutarse y no creo que fuera porque le pegara flojo por ser una chica.
Esa primera patada es de las que mejor recuerdo y aún me da repelús sólo pensar en como sonó. No me preguntes por qué pero el sonido que me puede parecer más cercano sería darle una patada a una piñata colgada del techo. Le das fuerte, pero se mueve y no se rompe. Mi pie, golpeó algo blando, hasta que llegó a algo más duro que debió romperse, porque al menos a mi me dolió como si le hubiera pegado una patada a un poste en mitad de la calle.
Cualquiera diría ahora que, incluso con el pie dolorido, hasta yo podría ganarle a zombie corriendo. Quizá. Sólo quizá. Este bicho apestoso no era como los de las pelis en ese sentido. No era lento. Cuando intentaba golpearme en la cara, movía los brazos bastante rápido, aunque luego el golpe no era muy fuerte, me imagino que algunas articulaciones estarían más podridas que otras y que a veces un hombro o un codo no podían resistir la inercia del brazo y simplemente, se doblaban para dónde no debían. Tampoco se desplazaba lentamente, parecía que iba a perder el equilibrio de un momento a otro, pero nunca lo hacía.
Ahora sólo quedaba tirar de los clásicos del buen cine de zombies. Atacar el cerebro. Procuré subir la guardia como si Clint Eastwood hablara conmigo en Million Dollar Baby y cada vez que aquello bajaba los brazos después de fallar un golpe, le daba un puñetazo con todas mis fuerzas en la cara. Era como golpear carne picada, muchísima, de manera que no llegabas nunca a algo duro, se amoldaba. Saltaron dientes, pero esta vez no hubo ningún sonido extraño, imagino que si tenía la boca igual de podrida que la cara, no estarían muy bien fijados.
Después de unos cuantos golpes me di cuenta de que nunca he sabido pegar con los puños. Soy alto y supongo que eso ha hecho que nunca necesitara pegarme para nada, así que me pasó lo que le pasaría a cualquier novato, me despellejé los nudillos. Quién te diga que con la euforia no notas el dolor no sabe de lo que habla, el dolor duele, otra cosa es que sepas que te tienes que joder y te concentres en otra cosa y eso fue lo que hice, decidí pensar y claro, sólo había una solución, golpear la cabeza en lugar de la cara.
¡Ahora sí! Ahora si que había algo detrás del montón de carne picada. ¿Una tabla? ¿Una encimera silestone? No lo sé, pero notaba que mis golpes y mi dolor de nudillos no eran en vano. A partir del tercer o cuarto derechazo el cráneo empezó a crujir, supongo que es imposible partirle el cráneo a puñetazos a alguien, así como es imposible que existan los zombies. No sé, pregúntale a quién hiciera la autopsia a ver si sus huesos se habían deteriorado, yo no entiendo de biología, lo mío son los ceros y los unos.
La cosa no duró mucho más, parece que los golpes fueron efectivos porque al rato cayó al suelo y me pude largar a casa, eso es todo.
Después de mi explicación, me di cuenta de la cara de asombro de los policías que se sentaban al otro lado de la mesa. Sin mediar palabra pusieron la grabación de las cámaras de seguridad de la calle en las que se veía, sin lugar a dudas, como le daba una paliza de muerte a una chica borracha cuyo único delito había sido ir disfrazada el día de Halloween.
¡Feliz Halloween a todos!
Parece que Contando los latidos no será una intro sin histeria
Contando los latidos
Thursday, October 8th, 2009
(Espero que esto no se quede suelto y sea la introducción de alguna histeria, más adelante)
Hay una teoría que dice que nacemos con un número máximo de latidos. Si no forzamos el músculo ese que bombea la sangre, nos durará más.
En el documental dónde vi esta teoría, decían que le habían bajado el ritmo cardiaco a unos gusanos y vivían más tiempo. A costa de moverse más lentamente, por ejemplo. Un sonado se había tomado muy en serio esta teoría y hacia deporte muy lentamente, comía muy poco y, en general, no hacía demasiados esfuerzos.
¿Qué sentido tiene andar contando tus latidos?
Después de una revisión le decían al tío que el corazón le duraría mil años, pero que tenía las articulaciones echas un asco y en general con la búsqueda de mantener un ritmo cardiaco muy bajo, había sacrificado otras partes importantes, como la ingesta de alimentos un poco más complicados de procesar (y por tanto de “gasto cardiaco” mayor), el deporte un poco más en serio…
Con todo esto quiero ir a parar a que lo que realmente importa es que disfrutes de tus latidos.
(Actualización, contínúa en Una de Zombies)
Escena I (El fin del principio)
Friday, September 11th, 2009Primera parte de las escenas.
Precede a la Escena IV (Desesperado)
Krangsten, el Dios del orden y la fuerza, el último que aún velaba por nuestro mundo, buscó durante siglos la espada que estaba destinada a terminar con el progreso y la libertad de los humanos. La Gran Espada de las Tinieblas, la que los servidores de los demonios habían llamado Darkness, ya que creían firmemente que ésta sería el arma más poderosa, con capacidad para hundir la Tierra en el lodo de la noche.
Al encontrarla se dirigió hacia las puertas del infierno, convencido de que con su destrucción todo el peligro quedaría aniquilado. Se equivocó. Los peores magos demoníacos habían conjurado que si la espada era destruida, su portador moriría para siempre, no podría reencarnase de nuevo y sus hechos serían olvidados por todas las criaturas que alguna vez hubiesen oído hablar de él.
Afortunadamente aquellos que sacrificaron su vida para controlar lo que pasaba en el infierno pudieron contrarrestar ligeramente el hechizo. Mientras el portador abandonaba la vida por siempre, un nuevo ser nacería, desconociendo su futuro lleno de miserias, pero plagado de esperanza. Sobre ella quedaba la responsabilidad de suplir a todos los dioses que nos habían abandonado, para ello sería dotada de una fuerza descomunal a la vez que de una destreza con la espada que ningún otro humano llegó a ver jamás en ninguna otra mujer ni hombre, sólo comparable con su inteligencia, si bien es cierto que ésta no era producto del hechizo, sino de los avatares de la vida.
Por tanto en el momento en el que Krangsten rompía la espada contra las puertas del infierno su tez palideció, sus músculos, hasta entonces demoledores, se aflojaron, miles de pequeñas chispas azules empezaron a girar en torno a él, como tratando de morderle, sabiendo que ya no era peligroso. Tomó una última bocanada de aire y murió. Nadie pudo ver su rostro de agonía, pero no importaba porque nadie podría recordarlo jamás.
Justo en ese instante, en un bosque lejano nacía una criatura, su madre moría en el acto, aunque por fortuna un hombre de los bosques que pasaba por allí la pudo recoger. La crió con todo su cariño y esmero pero en una inmensa pobreza. Tuvo que desarrollar todos sus instintos para sobrevivir entre las bestias, ajena a la oscuridad creciente del mundo, a la existencia de un destino forjado para ella, tan inocente era que llegó a poner múltiples veces su vida y la de todos los demás en peligro peleando contra fieras, simplemente por entretenimiento.
Escena IV (Desesperado)
Friday, September 11th, 2009En mi afán por escribir algo largo me aburro y rescato un intento que tuve después de la histeria. Iban a ser cinco escenas, de las cuales sólo escribí tres o cuatro y conservo sólo dos, que al fin y al cabo son las que quedaron mejor.
Esto lo escribí hace casi diez años (antes de venir a Madrid), así que no vale aplicar ningún tipo de análisis psicológico, porque está desfasado. En cuanto pueda, añadiré a la entrada el dibujo que hizo un crack para ilustrarlo.
Sucede tras Escena I (El Fin del Principio)
Unos seres que parecían ángeles se me acercaron, quizás era mi hora. La acepté con resignación y me acerqué a ellos, que hablaban de espaldas a mi, en susurros.
Cuando estaba a un paso el más alto de los seis se giró, con sus ojos inyectados en fuego, su aliento a muerte, sus facciones huesudas y caí de nuevo.
Aquellos despojos de algo que fue humano comenzaron a girar en torno a mí, gritando. Traté de ignorarles pero ellos seguían gritando, comencé a sudar, el sudor ardía, me abrasaba la piel, no podía seguir soportando esos alaridos, la respiración se aceleraba, les grité que se callaran, les escupí la sangre de mi corazón al hacerlo, pero no les importó, se divertían conmigo.
Reuní mis fuerzas recién salidas del horno de la locura y el odio, que fueron más que suficientes para salir corriendo de aquel maldito lugar. Sería más acertado decir que eso fue lo que mi alma hacía, porque cuando mi cuerpo intentó huir, las criaturas que me habían alcanzado, con sus uñas ennegrecidas de sangre muerta tomaron mi cuerpo, desgarrándole la piel por donde lo tocaban, todo entre risas y chillidos, que corrompan mi alma aún cercana, pero libre al fin, libre de un cuerpo del que ya no quedaban sino huesos, había sido devorado.
Este es el relato de mi entrada en el mundo de las tinieblas, del que he podido salir. En este lugar inmaterial mis sueños se pulverizaron, mis pesadillas fueron mi prisión, sin ventanas, sin escapatoria, de la que sólo la Diosa Fortuna pudo liberarme.
¡Aquí estoy!
Sunday, August 23rd, 2009El callejón tendría unos 3,5 metros de ancho y al menos 30 de largo, era complicado de decir, las montañas de desechos, orgánicos de muchos tipos, humano entre otros, se amontonaban contra las paredes haciendo que incluso para una persona tan cuidadosa como ella no le importara perder un poco de precisión analizando el lugar con tal de que no se le revolvieran las tripas.
Miró el reloj. Las 2:30 de la mañana.
- Mierda, nunca pasa nada bueno a partir de las 2:00.
Pero se contentó pensando que los refranes tienen sus contradicciones, como aquel famoso del que va por la calle, se encuentra una cartera y exclama “¡Al que madruga Dios le ayuda!”, a lo que otra persona que pasaba por ahí añade: “Más madrugó el que la perdió”.
Cerró las fosas nasales mentalmente y fue directamente a por el primero de la lista. Se encontraba meando contra una de esas paredes asquerosas, concretamente sobre una bolsa de basura mal cerrada. Parecía que le divertía el sonido.
No se preocupó del ruido, sino que con los pies de frente a su objetivo arqueó todo su cuerpo hacia atrás, por la derecha, y con un golpe seco de su codo en el cuello empezó lo que sería una noche muy especial.
Cinco minutos antes había oído hablar al grupo de amigos:
- “¿Nos vemos en el irlandés de siempre?”
- Claro, ¿por qué?
- Voy a mear, vete pidiéndome una pinta de Murphys.
El meón se dio la vuelta, tambaleándose y por un momento pareció que todo el plan se iba al traste, pero no, se limitó a poner una cara rara que podría entenderse como de sorpresa y cayó al suelo.
Lo recogió y lo cargó hasta un rincón algo más oscuro, y bastante más apestoso, como si fuera su amiga, mientras le registraba la ropa. Encontró su móvil y se deshizo del cuerpo, que al caer no hizo un ruido sordo, pero ella tampoco paró a mirar sobre que habría caído, ese ya no era su problema, tenía entre manos la herramienta perfecta para continuar.
Le costó un par de minutos descubrir el patrón de desbloqueo, sencillo, pero su cabeza cuadriculada había determinado que todos los patrones eran equiprobables, con lo que decidió ir probando según formas geométricas fáciles de recordar y de modificar.
Una vez que tuvo acceso al terminal, respiró profundamente, deseó con todas sus fuerzas que alguno de esos frikis a los que seguía hubiera activado el Google Latitude desde sus móviles y tocó la pantalla para ver hacía cuanto de las últimas actualizaciones.
¡Bingo!, dos de ellos lo habían hecho hacía muy poco tiempo. La localización no tenía por qué ser exacta, pero es más fácil encontrar un sólo irlandés en 200 metros a redonda, que en toda la ciudad.
Tardó tan sólo cinco minutos, se encontraba cerca y pese a no haber entrado nunca, conocía aquel pub de vista. Abrió la puerta, se acerco por detrás al grupo de amigos y a la vez que daba un puñetazo en la barra dijo:
- Que sea la última vez que me dejan fuera de un correo en cadena para salir un fin de semana.
————
Esto es de regalo, he puesto en el blog mi localización (arriba a la derecha, de momento), pero para que no me pase lo mismo, sólo comparto la ciudad en la que estoy, sin más detalle.
Atención: cualquier parecido con la realidad es simplemente eso, parecido. El autor no se hace responsable de que a él se le pueda pasar alguna vez añadir a alguien en un correo en cadena.
Extra lap: Cuando digo el primero de la lista, no se trata de una lista tipo Kill Bill, sino el primero de la lista de los correos, el que lo envió olvidándose de ella.
Si me quieres matar, avisa
Sunday, August 9th, 2009Era temprano, aún había luz suficiente para que los testigos se contaran por docenas, así que decidí subirme al coche, no sin cierto temor, pero seguro de que todo terminaría bien.
Poco a poco (muy poco a poco) nos acercábamos al destino y nada hacía presagiar que mi miedo estuviera fundado, así que sin darme cuenta me fui relajando y cuando menos lo esperaba me encontré esos ojos amenazantes que me miraban sin dejar lugar a dudas. Querías matarme.
A los dos segundos nos encontrábamos golpeando otro coche que nada tenía que ver con nuestras peleas. Yo decía que parases con una sonrisa, la sonrisa del que sabe que su futuro no lo decide uno mismo, que está en manos (en este caso manos y pies) de otra persona.
Afortunadamente todo se quedó en una amenaza. La próxima vez, si me quieres matar, por favor, avísame.
Reloj de arena
Friday, May 8th, 2009Hay gente que se molesta porque el tiempo pasa, las flores se marchitan, nada dura para siempre y los corazones cambian. Pero si no fuera porque el tiempo se nos escapa de las manos no podríamos vivir y disfrutar, por lo que recomiendo a todo el mundo estar un rato, apenas un instante, con la boca cerrada y disfrutando del cosquilleo de la arena resbalando entre los dedos.
Escrito a la vuelta de un Leganés – Alcorcón – Madrid.
El infierno está en el número 6
Sunday, March 22nd, 2009La música la pone Moais, que por fin han sacado su EP. Por supuesto, como son gente del siglo XXI, han decidido que lo podamos disfrutar todos y lo podamos descargar: Moais – Tras las esquinas del círculo.
[audio=http://arpia49.dontexist.com/wp-content/uploads/2009/03/04-antes-de-poder-salir.mp3,Moais - Antes de poder salir,download]
El infierno no está tan caliente como dicen, lo que pasa es que la gente entra acojonada y empiezan a susurrarse unos a otros ¡Qué calor hace! y claro, cuando un par de miles de millones de almas en pena se ponen a decir que hace calor, ya puedes estar en mitad del espacio (o unos metros más allá, no me voy a poner quisquilloso) que realmente vas a notar el calor, aunque sólo sea por los litros (he hecho los cálculos) de saliva que habrá flotando en el ambiente.
Quitando lo de la saliva, ya digo que no es un sitio tan malo. Cuesta encontrar una parcela libre, sí, pero no tardas demasiado en darte cuenta de que nadie tiene su asentamiento fijo y que dormir de pie no es tan desagradable. ¡Tienes toda la eternidad para encontrar un piso!
El día a día… es tedioso, no se puede negar. Tu ración de besos envenenados, de palabras necias, de falsas esperanzas, comentarios por la espalda, decepciones… al final uno se hace a todo. No es que te de igual, pero casi. Lo bueno es cuando llega alguien nuevo. Es de los momentos en los que realmente disfrutas. Te haces su amigo, tratas de acercarte y cuando ya cree que eres su único confidente… ¡zas! ración de besos envenenados, de palabras necias, de falsas esperanzas, comentarios por la espalda, decepciones…
Al principio tengo que reconocer que me parecía mal, pero una vez que te lo tomas como un juego… la culpabilidad no te oprime debajo del pecho. O dónde debería ir el pecho, porque otra cosa que la gente confunde es porqué a veces aparecemos como fantasmas. No se trata de que se nos haya derretido el cuerpo, ni de que de tanto trabajar nos hayamos quedado en los huesos, que va. El problema son los latigazos de los jueves. 666 latigazos a la semana, 52 semanas al año, durante “toda la vida”, puedes hacer que cada latigazo sólo te despedace un poquito, que con el tiempo lo pierdes todo. Tampoco es para tanto. Una vez que no tienes cuerpo, no te tienes que preocupar por buscarte un hueco dónde dormir, además, ¡es más fácil asustar a los novatos!
Lo que peor llevo sin lugar a dudas es la ausencia de un líder carismático que nos guíe. Satan… su momento pasó. Primero dejamos de temerle a Él, luego a Dios. Imagina la de tiempo que hace de eso ya. Hace bien en no aparecer en público, sería como ver a Induraín descolgándose del pelotón otra vez.
Hitler… Nadie sabe como arriba tuvo tanto éxito. El tío es feo y los malos con bigotes ya no nos asustan. Sin mano que levantar, no es nadie.
Anakin Skywalker… desde que decidió volverse bueno otra vez… la gente le señala con el dedo. Además, como todos los jedis, al morir dejan la ropa en ‘el plano mortal’ y francamente… llegar desnudo es una cosa, pero… aquí la excusa del frío no nos vale.
Al que espero con ganas es al T-800, ese sí que tiene un desnudo imponente y no Darek. Pero bueno, parece que aún le queda un tiempo en la Tierra tocando las narices con el papel que Skynet le ha dado.
Algún día contaré como logré salir de allí y lo mucho que me arrepiento… en el cielo hace tanto calor…
Colgado de esos ojos
Tuesday, February 24th, 2009
Ahí estábamos, la realidad y yo, enemigos traicioneros y ávidos de venganza. Cara a cara, como no pocas veces en el pasado, con la única diferencia de que esta vez ambos queríamos terminar nuestra relación para siempre.
Estiré mi brazo izquierdo, la palma de la mano a hacia afuera, con los dedos en tensión. Pasé el codo por encima de aquel atajo de cables que me reunían con la realidad. Una vez que dejé el codo a la izquierda, seguí girando el brazo, con mucha fuerza, por debajo de los cables, terminando de empujarlos con el antebrazo y aplastándolos con la mano hacia abajo.
Los cables eran elásticos, pero eran muchos, no en vano mi unión con la realidad había sido, hasta ahora, muy estrecha por momentos, más relajada otros. Eran de un color blanco sucio y no blanco brillante como mucha gente había declarado antes.
Me hubiera resultado mucho más fácil agarrar aquello con el brazo derecho, pero a la hora de cortar… lo hubiera pagado, ya que era complicado. El primer golpe fue el más fácil de dar, de arriba a abajo, con mucha rabia y me llevé por delante bastantes nexos con la realidad. A medida que iba cortando, la rabia se apoderaba de mi, más que dar tajos trataba de apuñalar y… la eficacia se veía mermada. Pronto también mis fuerzas y mi lucidez.
Al final, con mucho esfuerzo y relativo desvarío me encontré con un solo cable. Tensé el brazo, magullado por la tensión sufrida, eché la espalda hacía detrás, con los talones bien clavados al suelo, haciendo palanca con todo mi cuerpo. Sabía qué cable era el que quedaba, eran unos ojos preciosos, brillantes y divertidos.
Tome el cuchillo como si me fuera a defender, con la hoja hacia abajo, disfruté del último recuerdo de esos ojos, cerré los míos y moví el brazo hacia arriba, rápido, tajante y… espero que certero.
Me sentí caer.
Seguía con los ojos cerrados, cayendo.
Por fin era libre de la realidad, abrí los ojos, dispuesto a disfrutar de la caída. Según comencé a ver, me paré en seco, con la espalda arqueada, como flotando. Ya no eran unos ojos lo que me tenía atado, era una forma de mirar.
Agradecido de que me fuera permitido llevarme ese recuerdo a mi nueva consciencia, sonreí, levité un tiempo más, disfrutando del regalo. Luego me puse en pie y salí a investigar que ocurría en el mundo que tanta veces había soñado desde fuera y por fin podía disfrutar desde dentro.
Galletas
Tuesday, March 11th, 2008- ¡Mierda! – Fue lo primero que exclamé cuando se me escurrieron las galletas y en mi mano sólo quedo el envoltorio blanco. Pensé para mis adentros que debía haber un sistema más inteligente para empaquetarlas, en el que no te quedes en la mano con un papel que no puedes volver a meter en su sitio. Por suerte, estaba cansado y no seguí dándole vueltas a lo del envase. Años más tarde, alguien se haría rico con una patente sobre envases de galletas, pero yo jamás lo sabría.
Incliné un poco el envase azul, unos toquecitos y hurgué con el dedo hasta sacar la primera. No era perfecta, esas cosas me molestarían si no tuviera tantísima hambre… ¿Para que coño está el protector de papel blanco, que dormía en un lado de la mesa, si mis galletas van a nacer magulladas? Terrible ironía del destino.
Arrastré la taza de leche, no era mi vaso de batman, creyéndome un camarero del lejano oeste. Miré la galleta, una mirada prolongada, de esas que sólo una galleta bien preparada puede mantener con firmeza. Los dos sabíamos cual iba a ser el final, pero no había prisa. Comprobé que el chocolate no se saliera por ninguna parte del círculo, contento con el resultado, la atrapé por el borde y la sumergí en la leche fría. No había signos de piedad en mi rostro.
Uno.
Dos.
Tres.
Cuatro.
Cinco.
Seis.
Nueve… digo siete.
Apunto de desprenderse la saqué del líquido, no sé si respiraba aún, pero sin compasión me la llevé a la boca, procurando que no cayeran gotas sobre la mesa. Un suave apretón con la lengua hizo que toda la leche y los pedazos que peor suerte habían corrido se mezclaran en mi boca. Abrí la boca y… ñam. Ese mordisco fatal.
Me levanté de la silla, comprobé que no había testigos, me bebí el resto de la leche mientras trataba de deshacerme de los trocitos de galleta que se escondían entre mis dientes con intención de delatarme, metí la taza en el lavavajillas y me fuí a la cama con el resto de las galletas.
La lucha en la cama fue feroz y duró toda la noche, pero esa historia será contada en otra ocasión. Sí, seguía hablando de galletas.
